Abogacía preventiva o el abogado de cabecera
La mayoría de la gente conoce, o simplemente deduce, el significado de la expresión «abogacía preventiva». En cualquier caso, su práctica no está tan implementada en nuestra sociedad como pueda estar la prevención en otros ámbitos. Es inevitable (y odiosa) la comparación que podamos hacer con la medicina. Todo el mundo tiene un médico de cabecera, y la mayoría se hace chequeos médicos periódicamente. No obstante, no es la única muestra de prevención sí implementado socialmente; véase el ejemplo de las revisiones periódicas de los vehículos cada tantos kilómetros, o un acto tan sencillo y común como un escaneo periódico del ordenador en busca de virus.
La abogacía preventiva parece un concepto fácil de entender, y lo es, en mayor o menor medida. Innumerables son los ejemplos de que la detección a tiempo de un problema, o aún mejor, lograr evitarlo. El propio lector, si se lo plantea unos segundos, podrá imaginar multitud de ocasiones en su vida o en la de conocidos, incluidos (y especialmente) las empresas y autónomos, en las que un problema haya acabado con frases como “Si yo hubiera sabido que…”, “Nadie me lo explicó…”, “Tenía que haber hecho esto antes de meterme en aquello…”. Después de este ejercicio quizás pueda plantearse que, más allá de quedar convencido con la idea de tener un abogado de cabecera, que no es costumbre ni suya, ni de sus conocidos, ni tampoco (y especialmente) de las empresas y autónomos, preocuparse por sus actos o falta de ellos. Al fin y al cabo, la vida es, no se sorprenda, una sucesión continua de actos jurídicos.
El significado de la abogacía preventiva, y por ende, de tener un abogado de cabecera, es más profundo y más simple que “pagar una consulta le puede evitar litigios futuros y desembolsos mayores”, la abogacía preventiva le proporciona… TRANQUILIDAD. Y ésa sí que no tiene precio.
Si tiene alguna consulta, no dude en contactarnos.
Josep Pulido
Socio de Quatre Advocats




